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domingo, 15 de noviembre de 2009

Una centésima de segundo

Hablábamos hace muchos meses aquí, del magistral trabajo y compromiso de un fotográfo: Gervasio Sánchez, y su demoledor discurso, cuando recibió un merecidísmo premio. Y viendo como denunció y recriminó a todos los culpables de muchas situaciones que retrata en su trabajo de forma magistral, polítcos culpables de estas situaciones, no creemos que vuelva a recibir otro premio en este país, aunque lo merezca.

Hoy, otra vertiente del trabajo de los fotográfos de guerra y sus consecuencias, hambre, etc.

Una centésima de segundo




"La directora Susan Jacobson narra la vida y obra de una fotoperiodista en un conflicto bélico. Se comenta que que el motivo de este corto alude a la imagen ganadora del Pulitzer en 1994 de Kevin Carter.

En esa fotografía, un buitre acechaba a una pequeña totalmente desvalida. Carter esperó durante veinte minutos que aquel buitre se acercara más a su presa. En ese tiempo no lo hizo, y el fotógrafo se marchó.

En poco tiempo, la imagen fue portada de The New York Times y después de un Pulitzer.

Al recibir el premio, afirmó: “es la foto más importante de mi carrera pero no estoy orgulloso de ella, no quiero ni verla. La odio. Todavía estoy arrepentido de no haber ayudado a la niña”. Meses más tarde, Kevin Carter se quitó la vida.
"


De Wikipedia, la enciclopedia libre


Kevin Carter (13 de septiembre de 1960, Johannesburgo, Sudáfrica - † 27 de julio de 1994, Johannesburgo) fue reportero gráfico ganador de un premio Pulitzer en 1994.

Su trabajo más importante fue la fotografía de una pequeña niña sudanesa famélica tras la cual se encontraba un buitre al acecho. La fotografía fue publicada por primera vez en el New York Times el 26 de marzo de 1993 y posteriormente recorrió el mundo entero. Carter recibió por ello el premio Pulitzer.

Para la consecución de una foto mejor esperó unos veinte minutos a que el buitre abriera sus alas, lo cual no llegó a ocurrir . Se sabe poco sobre qué fue de la niña. Según Carter, se recuperó lo suficiente para seguir su camino. Sin embargo, fue objeto de duras críticas por aprovechar la situación para su propia fama, llegándose a comparar al fotógrafo con el buitre.

También existen rumores de que la pequeña solo estaba haciendo sus necesidades, y que la tribu estaba a unos 20 metros de donde se encontraba ella. Por otra parte, la explicación del buitre sería que solo esperaba su ración de comida (coprológica).

“Es la foto más importante de mi carrera pero no estoy orgulloso de ella, no quiero ni verla, la odio. Todavía estoy arrepentido de no haber ayudado a la niña”.

Estas son las palabras del fotógrafo Kevin Carter tras recibir el Premio Pulitzer de fotografía en mayo de 1994.

Tras ello, pasó de reportero a fotógrafo de naturaleza. Finalmente por la presión de las críticas y por la muerte de un amigo, Ken Oosterbroek, asesinado, el 18 de abril de 1994 durante un tiroteo que cubría en Tokoza, Johannesburgo, Kevin Carter se quitó la vida dos meses después cerca del río donde jugaba cuando era niño, después de aparcar su furgoneta y enchufar una manguera al tubo de escape.


Historia alternativa sobre la foto

El reportero gráfico sudafricano Joao Silva, quien acompañó a Carter a Sudán, dio una versión diferente de los hechos en una entrevista con el escritor y periodista japonés Akio Fujiwara que se publicó en el libro de Fujiwara El Niño que se Convirtió en Postal (絵葉書にされた少年 - Ehagaki ni sareta shōnen)

Según Silva, él y Carter viajaron a Sudán con las Naciones Unidas y aterrizaron en la zona sur de Sudán el 11 de Marzo de 1993. El personal de Naciones Unidas les dijo que despegarían de nuevo en unos 30 minutos (el tiempo necesario para distribuir la comida), así que deambularon por los alrededores para hacer algunas fotos. Naciones Unidas comenzó a distribuir maíz y las mujeres del poblado salieron de sus chozas de madera hacia el avión. Silva fue a buscar guerrilleros, mientras que Carter no se alejó más que unos pocos metros del avión.

Según la versión de Silva, Carter estaba bastante sorprendido, puesto que era la primera vez que veía una situación real de hambruna, por lo que hizo muchas fotos de niños hambrientos. Silva comenzó también a tomar fotografías de niños en el suelo, como llorando, que no se publicaron. Los padres de los niños estaban ocupados recogiendo la comida del avión, por lo que se habían desentendido momentáneamente de los niños. Esta era la situación de la niña de la foto hecha por Carter. Un buitre se posó detrás de la niña. Para meterlos a ambos en cuadro, Carter se acercó muy despacio para no asustar al buitre, e hizo la foto desde unos 10 metros. Hizo algunas tomas más, y el buitre se fue.

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Napoleón Bonaparte (apodado en su tiempo por: “El petit Cabró”).

domingo, 11 de enero de 2009

España está en la Champion League de venta de armas

La foto premiada. Sofia Elface Fumo, con su hija Alia

"El pasado 7 de mayo de 2008, el fotógrafo y periodista Gervasio Sánchez subió a recoger uno de tantos premios, el Ortega y Gasset que otorga el diario El País, ante la asistencia de un concurrido público, entre ellos estaban también la vicepresidenta del gobierno, el presidente del Senado, varios ministros, Esperanza Aguirre y el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón, además de todos los demás medios de prensa."

Pues bien, parece ser que no debió ser del gusto de tan ilustre público el discurso de Gervasio Sánchez, cuando éste subió a recoger el premio, condenando dicho discurso al ostracismo y olvido de toda la prensa.

Así que, como la gran mayoría de medios no han querido publicarlo, ofrezco este PowerPoint para que lo lean algunas personas más. Cuando lo leáis, entenderéis el porqué no han querido darle publicidad."

* Recibido por mail

Discurso de Gervasio Sánchez


Estimados miembros del jurado, señoras y señores:

Es para mí un gran honor recibir el Premio Ortega y Gasset de Fotografía convocado por El País, diario donde publiqué mis fotos iniciáticas de América Latina en la década de los ochenta y mis mejores trabajos realizados en diferentes conflictos del mundo durante la década de los noventa, muy especialmente las fotografías que tomé durante el cerco de Sarajevo.

Es un gran honor porque varios de mis mejores amigos a los que respeto profesionalmente pertenecen a la plantilla de este diario. Queridos Ramón Lobo, Guillermo Altares, Miguel Ángel Villena, Jorge Marirrodriga, Francesc Relea, Miguel Gener, Alberto Ferreras, Gorka Lejarcegui, incluso tú querido Alfonso Armada, a los que he nombrado y a los que tengo en mi mente, a todos vosotros que me apoyasteis en los momentos más duros os dedico este premio de todo corazón.

Quiero dar las gracias a los responsables de Heraldo de Aragón, del Magazine de La Vanguardia y la Cadena Ser por respetar siempre mi trabajo como periodista y permitir que los protagonistas de mis historias, tantas veces seres humanos extraviados en los desaguaderos de la historia, tengan un espacio donde llorar y gritar.

No quiero olvidar a las organizaciones humanitarias Intermon Oxfam, Manos Unidas y Médicos Sin Fronteras, la compañía DKV SEGUROS y a mi editor Leopoldo Blume por apoyarme sin fisuras en los últimos doce años y permitir que el proyecto Vidas Minadas al que pertenece la fotografía premiada tenga vida propia y un largo recorrido que puede durar décadas.

Señoras y señores, aunque sólo tengo un hijo natural, Diego Sánchez, puedo decir que como Martín Luther King, el gran soñador afroamericano asesinado hace 40 años, también tengo otros cuatro hijos víctimas de las minas antipersonas: la mozambiqueña Sofia Elface Fumo, a la que ustedes han conocido junto a su hija Alia en la imagen premiada, que concentra todo el dolor de las víctimas, pero también la belleza de la vida y, sobre todo, la incansable lucha por la supervivencia y la dignidad de las víctimas, el camboyano Sokheurm Man, el bosnio Adis Smajic y la pequeña colombiana Mónica Paola Ojeda, que se quedó ciega tras ser víctima de una explosión a los ocho años.

Sí, son mis cuatro hijos adoptivos a los que he visto al borde de la muerte, he visto llorar, gritar de dolor, crecer, enamorarse, tener hijos, llegar a la universidad.

Les aseguro que no hay nada más bello en el mundo que ver a una víctima de la guerra perseguir la felicidad.

Es verdad que la guerra funde nuestras mentes y nos roba los sueños, como se dice en la película Cuentos de la luna pálida de Kenji Mizoguchi.

Es verdad que las armas que circulan por los campos de batalla suelen fabricarse en países desarrollados como el nuestro, que fue un gran exportador de minas en el pasado y que hoy dedica muy poco esfuerzo a la ayuda a las víctimas de la minas y al desminado.

Es verdad que todos los gobiernos españoles desde el inicio de la transición encabezados por los presidentes Adolfo Suarez, Leopoldo Calvo Sotelo, Felipe González, José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero permitieron y permiten las ventas de armas españolas a países con conflictos internos o guerras abiertas.

Es verdad que en la anterior legislatura se ha duplicado la venta de armas españolas al mismo tiempo que el presidente incidía en su mensaje contra la guerra y que hoy fabriquemos cuatro tipos distintos de bombas de racimo cuyo comportamiento en el terreno es similar al de las minas antipersonas.

Es verdad que me siento escandalizado cada vez que me topo con armas españolas en los olvidados campos de batalla del tercer mundo y que me avergüenzo de mis representantes políticos.

Pero como Martin Luther King me quiero negar a creer que el banco de la justicia está en quiebra, y como él, yo también tengo un sueño: que, por fin, un presidente de un gobierno español tenga las agallas suficientes para poner fin al silencioso mercadeo de armas que convierte a nuestro país, nos guste o no, en un exportador de la muerte.

Muchas gracias
GERVASIO SÁNCHEZ

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El fotógrafo y periodista que probablemente no volverá a ver premiado ningún trabajo suyo en España.



otras fotos de Gervasio


+ Información sobre el Trabajo de Gervasio Sánchez

Napoleón Bonaparte (apodado en su tiempo por: “El petit Cabró”).